Durante algunos días de la primera mitad de junio, al menos en determinadas zonas de España, la cosa parecía prometer. Caía algún chaparrón, todavía aparecían mañanas frescas y más de uno llegó a pensar:

«Oye, pues igual este año tenemos un verano soportable y no acabamos convertidos en croquetas humanas».

Qué jóvenes éramos. Qué inocentes.

El espejismo duró poco. Junio terminó mostrando su verdadera cara y julio llegó dispuesto a subir todavía más la temperatura. Desde entonces, las jornadas abrasadoras, las noches difíciles y la falta de tregua han convertido el verano de 2026 en una prueba de resistencia.

Y no se trata únicamente de una impresión personal: los datos disponibles confirman que el calor comenzó con fuerza.

Junio ya había dado la voz de alarma

Aunque la sensación inicial pudiera ser diferente en algunos lugares, el conjunto del mes de junio fue extraordinariamente cálido y seco.

Según AEMET, junio de 2026 fue el segundo más cálido registrado en la España peninsular desde 1961. La temperatura media alcanzó los 23,3 °C, nada menos que 3,2 °C por encima del promedio del periodo 1991-2020.

También fue el tercer junio más seco de toda la serie histórica: solo se recogió un 39 % de la precipitación habitual. En varios observatorios se batieron récords mensuales y llegaron a medirse 42,9 °C en Lleida y 42,7 °C en Bilbao.

Es decir: aquel junio aparentemente amable llevaba el horno encendido desde hacía tiempo. Consulta el balance climático de junio de AEMET.

Julio: calor, calor y después un poco más de calor

En julio se sucedieron distintos episodios de temperaturas muy elevadas. AEMET emitió avisos especiales por olas de calor, entre ellos el correspondiente al episodio iniciado el 5 de julio y otro que comenzó el día 29 y se prolongó hasta comienzos de agosto.

Las dorsales en altura, la estabilidad atmosférica, la intensa insolación y la entrada o formación de masas de aire muy cálidas favorecieron temperaturas persistentemente elevadas en buena parte del país.

Queda pendiente el balance climático definitivo de julio, por lo que sería precipitado adjudicarle ya una posición concreta entre los meses más cálidos de la historia. Pero la experiencia cotidiana resulta difícil de discutir:

  • Casas que no conseguían enfriarse durante la noche.
  • Ventiladores moviendo un aire sospechosamente parecido al de un secador.
  • Aceras que invitaban a cruzar la calle buscando cinco centímetros de sombra.
  • Aires acondicionados solicitando la baja por estrés laboral.

Las noches tórridas: cuando dormir se convierte en deporte de riesgo

El problema no está únicamente en las temperaturas máximas. Cuando el termómetro permanece por encima de los 25 °C durante la noche, el organismo encuentra más dificultades para recuperarse del calor acumulado durante el día.

Dormir deja de ser descansar y pasa a convertirse en una negociación permanente con la almohada.

Primero pruebas a abrir la ventana. Después la cierras porque entra aire caliente. Luego enciendes el ventilador, lo apagas porque hace ruido y terminas volviéndolo a encender porque, al fin y al cabo, el ruido parece el menor de tus problemas.

Más allá de la broma, la sucesión de noches muy cálidas aumenta el estrés térmico, especialmente entre las personas mayores, los niños, quienes padecen enfermedades crónicas y quienes viven en viviendas mal aisladas.

El Niño ha regresado, pero no explica por sí solo el calor en España

El fenómeno de El Niño volvió a desarrollarse durante 2026. En julio, la NOAA confirmó que estaba activo y fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial.

No obstante, sería simplificar demasiado decir que El Niño es el responsable directo de cada ola de calor registrada en España. Su influencia actúa a escala global y puede modificar determinadas probabilidades meteorológicas, pero el tiempo que experimentamos aquí depende también de la circulación atmosférica regional, las dorsales anticiclónicas, las entradas de aire cálido y otros factores.

En otras palabras: El Niño forma parte del escenario climático global, pero no es un interruptor que alguien encienda para convertir la península ibérica en una freidora. Consulta el diagnóstico de El Niño de la NOAA.

La teoría del microondas atmosférico

Paisaje español dentro de un microondas como metáfora del calor persistente del verano
Este verano la atmósfera parece haberse olvidado de poner el temporizador.

Lo más agotador de un verano así no es alcanzar una temperatura extrema durante una tarde concreta. Es la falta de descanso entre un episodio cálido y el siguiente.

Normalmente, el verano concede alguna tregua: un par de días más frescos, una tormenta de tarde o una noche durante la que recuerdas para qué servía la sábana.

Este año, en cambio, la atmósfera parece haberse comportado como un microondas funcionando a máxima potencia al que nadie se ha acordado de ponerle el temporizador.

A estas alturas, la rutina de muchas personas se ha reducido a tres movimientos básicos:

  1. Buscar la sombra como si fuera un recurso estratégico.
  2. Comprobar si el ventilador expulsa aire o simplemente distribuye fuego por la habitación.
  3. Pegarse al suelo o a la pared más fría de la casa adoptando la elegante postura de estrella de mar.

¿Es solamente «el calor normal del verano»?

España siempre ha tenido veranos calurosos. La diferencia está en la frecuencia, duración e intensidad de los episodios extremos y en el aumento de las temperaturas nocturnas.

AEMET señala que la temperatura media española ha aumentado aproximadamente 1,75 °C desde 1961. También recuerda que los doce años más cálidos de la serie pertenecen al siglo XXI.

El calor continuado no afecta únicamente a nuestra comodidad. Tiene consecuencias sobre la salud, el consumo eléctrico, la agricultura, los ecosistemas, los incendios forestales y las reservas de agua.

Por eso, reducir la situación a «siempre ha hecho calor en verano» no ayuda demasiado. También ha llovido siempre, pero eso no significa que todas las inundaciones sean iguales.

¿Llegará pronto el ansiado fresquito?

Aquí conviene evitar las promesas. No podemos asegurar que la segunda mitad de agosto traerá un descenso generalizado y permanente de las temperaturas.

La predicción estacional de AEMET apunta a una probabilidad muy alta de que el trimestre agosto-septiembre-octubre sea más cálido de lo normal en toda España. También contempla una mayor probabilidad de precipitaciones por episodios convectivos en buena parte del país, especialmente durante agosto y septiembre.

Eso significa que podrán aparecer tormentas y descensos temporales de temperatura, pero no garantiza el final anticipado del calor. Consulta la predicción estacional de AEMET.

Así que habrá que seguir pendientes de las previsiones a corto plazo, mantener una hidratación adecuada y evitar la exposición innecesaria durante las horas centrales del día.

Y, sobre todo, tratar al ventilador con cariño. A estas alturas del verano ya es prácticamente uno más de la familia.

¿Cómo estás llevando el verano de 2026?

¿Sigues resistiendo con el abanico, has capitulado ante el aire acondicionado o ya has trasladado oficialmente tu domicilio al interior de la nevera?

Cuéntamelo en los comentarios. Y si estás leyendo esto delante de un ventilador, recuerda: no está enfriando el aire, pero al menos ofrece apoyo moral.