Epicteto me enseñó a dejar de anticipar catástrofes, incluso trabajando en un mundo tan frágil como el de las Tecnologías de la Información. En sus Discursos encontré calma, orden y una forma de mirar la ansiedad sin rendirme a ella. Su reflexión sobre Sócrates, sereno ante la muerte, me recordó a Cristo y abrió en mí una grieta espiritual: quizá no un Dios religioso, pero sí una fuerza superior que respira a través del orden natural. El estoicismo no me ha cambiado la vida, pero me ha dado una forma digna de sostenerla.








