Lo que todavía une a España: la selección y el “en plan”
España parece cada vez más polarizada. Hay grupos que solo escuchan a los suyos, tertulias donde nadie cambia jamás de opinión y discursos que simplifican la realidad hasta convertirla en una camiseta de buenos contra malos.
A eso se suman los nacionalismos excluyentes, siempre empeñados en levantar fronteras emocionales donde antes había convivencia, mezcla y costumbre compartida.
Sin embargo, incluso en un país tan dado a discutirlo todo, todavía quedan cosas que nos unen. Algunas son solemnes. Otras, bastante más absurdas.
La selección española como refugio común
Una de esas cosas que todavía nos une es, sin duda, la selección española de fútbol. Durante unos días, o al menos durante noventa minutos, se suspenden muchas trincheras.
No desaparecen las diferencias, pero quedan en segundo plano. Hay una emoción reconocible, una conversación compartida y ese extraño milagro por el que millones de personas miran en la misma dirección.
Puede parecer poca cosa, pero no lo es. En tiempos donde casi todo se convierte en motivo de división, compartir una alegría colectiva tiene más valor del que parece.
Y luego está el “en plan”
Pero si hay una gran fuerza transversal de nuestro tiempo, esa es el “en plan”.
Ahí sí que no hay debate. Lo usan adolescentes, universitarios, treintañeros y gente que ya empieza a no ser tan joven. Lo escuchas en la calle, en el autobús, en una tienda o en una conversación de WhatsApp leída en voz alta.
“En plan, no sé”.
“Fue en plan raro”.
“Me dijo, en plan, que no venía”.
“Yo estaba en plan…”
Una remora léxica. Una coletilla pegajosa. Una muletilla que se mete en las frases como la humedad en las paredes.
Antes era “en ese plan”
Lo curioso es que antes teníamos una expresión parecida, pero bastante más elegante: “en ese plan”.
Sonaba mejor. Tenía más cuerpo. Más intención. “No me vengas en ese plan”. “Si vas en ese plan, mal vamos”. Ahí había carácter, advertencia y hasta una pequeña filosofía de vida.
El “en plan” actual, en cambio, parece una versión desnatada. Una frase comodín para una época que muchas veces prefiere insinuar antes que afirmar.
De hecho, el fenómeno ha dado para análisis lingüísticos. En este artículo sobre la muletilla “en plan” entre los jóvenes, se explica que la expresión ha llegado a desplazar a otras fórmulas clásicas como el “o sea”. Y eso, nos guste más o menos, dice mucho de cómo cambia el lenguaje cotidiano.
Tal vez ahí esté la paradoja. España se divide por banderas, partidos, territorios y opiniones, pero se une en cosas inesperadas: en sufrir con la selección, en discutir de fútbol como si nos fuera la vida y en escuchar, resignados, cómo media juventud encadena un “en plan” detrás de otro.
No será el ideal de convivencia que soñaban los grandes pensadores, pero algo es algo.
Porque, en el fondo, seguimos compartiendo más de lo que parece. Aunque a veces sea para desesperarnos juntos.
